Despertando y yendo directamente al televisor o en su caso, a la radio, para sintonizar el noticiario de la mañana, el cual en sus titulares proclama el estallido de una crisis epidemiológica que de la noche a la mañana ha puesto a nuestro país en los ojos del mundo, y principalmente en los de la Organización Mundial de la Salud, la cual ni tarda ni perezosa pone atención especial en un nuevo virus de alta peligrosidad dada su pasmosa facilidad para propagarse y las mortales consecuencias que trae su tardío tratamiento. Le llaman la influenza o gripe porcina.
De inmediato tratamos de recopilar toda la información posible, sin darnos cuenta que en lugar de informarnos adecuadamente, nos estamos empachando de noticias, muchas de las cuales francamente no necesitamos y que sólo sirven para rellenar la agenda del noticiario, aunque se trate de información futil, superficial e irrelevante.
La capacidad de las nuevas tecnologías de adentrar en nuestras vidas sin que lo pidamos le otorga el poder a los medios de comunicación que la utilizan de bombardearnos con toda clase de mensajes, que adecuadamente presentados pueden modificar la realidad de una sociedad entera, como en el caso de la crisis por influenza, fenómeno que puso en jaque la tranquilidad a la sociedad de un día para otro, debido a la total atención de los medios de comunicación en torno a este virus naciente.
¿Qué pasa con el resto del mundo entonces? A los ojos de los medios todo ha desaparecido y el punto de atención verdaderamente importante es la terrible epidemia que azola al país. De pronto la crisis económica, la disputa por la legalización de las drogas, el narcotráfico y la inseguridad no existen más porque sólo la influenza merece real atención, y mucha de la información presentada tiene tomos amarillos, de morbo y espectáculo fácil, buscando más apelar a los miedos del consumidor que a concientizar sobre el problema en cuestión, con tal de que el sobreconsumo esté garantizado… y es que nos encanta que nos enajenen.
Desgraciadamente no todo es miel sobre hojuelas en cuanto a la información que se nos presenta y el impacto que genera en la sociedad. Bien dicen que los medios levantan y matan a sus dioses a placer, ya que de acuerdo a la opinión pública ‘si sale en la tele seguro que es verdad’, premisa peligrosa y que nos induce a consumir irresponsablemente, creyéndonos todo y sin cuestionamientos, craso error.
El fenómeno de enajenación no suele caer en el extremo de crear un pánico colectivo sin embargo se encuentra todo el tiempo presente, y si como espectadores estamos acostumbrados a consumir los medios electrónicos de forma pasiva y sin aplicar una pizca de criterio, y así, de pronto el único tema de valía para analizar es la gripe porcina, para bien y para mal, olvidando de pronto todos los otros fenómenos sociales que nos atañen tanto y que gracias a los medios se convierten en modas manipulables al gusto de lo que las prensa, los medios y el sistema crean conveniente, lo sea o no.
La realidad se tuerce todavía más y no nos queda más remedio que seguir consumiendo sin rechistar, dejando que ‘ellos’ decidan que es lo que nos debe importar, lo que no y cómo actuar, la audiencia puede ser tratada por títeres si esta no se interesa por ser tratada de tal forma. La enajenación puede prevenirse, pero sólo con un consumo moderado de los medios y siempre aplicando análisis, actividad mental que las masas han olvidado en aras del entretenimiento más tonto y frívolo. Está de nuestra parte no caer en la cómoda red de adormecimiento, ¿o preferimos seguir siendo títeres?
Colaboración para Tiempo 2.0
2009
17 may 2010
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