3 feb 2010

Cambiar para sobrevivir

(Reporte)

En un mundo controlado por los medios electrónicos, donde triunfan los gratuitos, y la información instantanea "en tiempo real", el periodismo sufre una crisis tanto interna como externa que no le deja otra opción que reinventarse -una vez más- ante la inevitable revolución mediática que pone en tela de juicio el sentido de esta profesión.

Público, fuentes, editores, profesión, opinión, tecnología, saturación y la propia información tienen acorralado al periodista, que se "muere de éxito", al poseer una inmensa influencia sobre las masas, pero que es incapaz de manejarse a sí mismo.

La revolución digital ha potenciado las voces de cualquier persona con acceso a internet y le ha arrebatado al periodísmo la exclusividad y poderío antaño en la presentación y análisis de la información. La era del broadcasting ha dado paso a la del narrocasting para en un futuro no lejano dar la estafeta a la de my news.

Sin embargo el fenómeno va más allá, la posibilidad de interactuar con usuarios afines y crear redes y comunidades es un golpe duro para los medios tradicionales que han perdido la "omnisapiencia" para cederle autoridad al conocimiento y opinión generado de ese fervoroso caldo de mentes interactivas. No son pocos los motivos para considerar la existencia del periodismo 3.0, donde la visión y voz del consumidor es la mayor de las reglas.

A su vez, la saturación de fuentes ha creado un torrente de datos incapaz de ser dominado o siquiera comprendido por los periodistas, que cada vez tienen menos capacidad como posibilidades de generar información propia, reduciendo considerablemente.

Todo esto aunado a los mismos factores de siempre como la debilidad de criterios, el sensacionalismo, el reciclaje de ideas y la frialdad hacia las necesidades y situaciones sociales dejan más que endeble una profesión que por lo visto, está destinada a desaparecer de seguir por la misma vía.

Sin avisar, los ciudadanos han tomado el papel de periodistas, fenómeno generado por tanto por la tecnología como por la ineptitud del periodismo mismo para reinventarse, creando una maraña de opiniones pasados por hechos y hechos por opiniones en total libertad y por ende, saturación de información.

El periodismo necesita renacer o su tiempo de vida estará contado.

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